A pesar de que ya no vivo con mi familia, ni en ese pequeño cuarto en donde construía, soñaba y destruía tantas cosas, al venir aquí a este país y al empacar las maletas, empaque mis viejos diarios cargados de secretos que nunca nadie debería descubrir. Son míos, solo míos y sé que dejarlos significaría abrirle a mi familia la puerta para ver algo que no quiero que vean jamás. El hecho es que aunque los traje conmigo no los había tocado, no más allá de ponerlos en la estantería y dejarlos allí.
Hace unos días los reabrí y recordé en primera instancia un montón de momentos de dolor, otros momentos en los que abusé de cosas de las cuales jamás debería haber abusado y por último me recordaron de lo que realmente soy. Jamás voy a ser esa mujer delgada con la que soñé toda mi juventud y tengo miedo de que la juventud ya se me esté acabando.
Tengo miedo de envejecer y ganar peso como le pasa a tantas mujeres. Desde que estoy en una relación estable gané peso y me di cuenta que cuando estoy feliz estoy gorda y me hace miserable estar gorda, me siento mal por culpar a mi compañero de la miseria de ser gorda. Pero lo amo tanto...
Creo que nuestra relación es perfecta y destructiva a la vez, pero aquí estamos el uno para el otro siempre... Yo soy dependiente emocional y me parece que el tal vez lo es, dependemos mucho el uno del otro y es asfixiante pero a la vez refrescante y es lo que necesito.
Me caso en 2 meses.
Tengo 2 meses para verme decente en ese vestido. No lo voy a desperdiciar.
Mis viejos diarios me inspiraron a volver aquí, a escribir como lo hice en otro momento, y en este momento también me arrepiento de haber eliminado los blogs anteriores que contenían tantos secretos, aunque estoy consciente de que esos blogs en algún momento pusieron en juego mi privacidad.
